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Historia Oficial del Lineage II. Crónica 2. 2ºParte.

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– Colmillo Sombrío -

En las llanuras, la rueda de una carreta cargada a tope hacía un sonido fatigoso, gimiente. Los picos de las montañas, coronados de fría roca y hielo permanente, se vieron cubiertos de oscuridad, según el sol se inclinaba por debajo de las cumbres. Oscuridad: un disolvente que puede fundirse con crueldad donde la sangre y las lágrimas flaquean, permitiendo a la avaricia volver atrás su obscena cabeza.

Una banda de criminales, cuya forma de ganarse la vida era atracar y matar, se acercó lentamente a la caravana, que seguía emitiendo su tortuoso ruido. Otra banda que ya se había establecido en este territorio, pero no tuvieron una cálida bienvenida de la gente de su misma profesión. Especialmente cuando se convirtieron en cadáveres sin vida que nunca más podrían estrechar la mano con nadie, o matar para conseguir dinero. Los criminales, liberados del yugo de sus monótonas vidas, no parecían interesados en recuperar ninguna reliquia.

Un joven Elfo agarró la rueda para pararla; si no, podría haber seguido girando por siempre. De pie entre los cadáveres, escuchó los los susurros de sus compañeros mercenarios. Estaban buscando un cofre en concreto. Uno entre el grupo, al que le gustaba presumir de sus conocimientos, dijo que el cofre era un objeto que el Baron Lewin, antiguo Lord de Giran, ocultó antes de perder el castillo. Sin embargo, no consiguió atraer la atención de sus colegas. No estaban interesados en los contenidos de alguna caja enterrada en un hoyo de barro en alguna parte. En vez de eso, conversaban entusiasmadamente de las mujeres que cortejarían y los tragos que beberían cuando regresaran al poblado.

"El pastel de frambuesas de Natalie es el mejor de todo Aden. Sé que algunos me acusarán de ser poco varonil cuando enloquezco por un simple pastel. Ah, bien. Solía tener una actitud como la suya, ¡hasta el día en que Natalie horneó un pastel para mí! Según Natalie, el secreto para hacer un delicioso paste de frambuesas es --- ¡Aarggh!

Una flecha gigantesca, tan grande como una jabalina, se clavó en la espalda del mercenario amante de pasteles, dejando al descubierto su horrible punta torcida. El mercenario moribundo la miró como si nunca hubiera visto nada igual antes, y después sus ojos se tornaron hacia sus compañeros mercenarios. No tuvo tiempo de despedirse de ellos. Los demás mercenarios saltaron hacia la parte contraria de la carreta para prepararse para la próxima descarga de su atacante desconocido.

Los mercenarios estaban indecisos. No eran tan estúpidos como para precipitarse hacia el bosque sin saber lo que se escondía allí. Sin embargo, no podían quedarse sentados como si nada sin localizar a su enemigo oculto. Una vez y otra vez, sonidos intensos, como cuando se rasga una prenda de seda, eran oídos. Cada vez, alguna parte de la carreta era destruida. La carreta se derrumbó sobre si misma, como si estuviese hecha de papel. Vinieron flechas a través del camino y los mercenarios corrieron en dirección opuesta hacia el bosque. Aunque el bosque pareciera suficientemente seguro durante el día, al caer la noche se transformo en un monstruo amenazante. Una pequeña raíz unida a un viejo tocón de un árbol que parecía como la mano de una bruja estirada en el suelo, se enredo en los pies de los transeúntes. Las ramas secas de los árboles muertos hurgaron en sus ojos, y el agua putrefacta bajo las hojas caídas acosaba sus zapatos. Los insectos, cuyo reposo fue interrumpido, mostraron su disgusto atacando violentamente a los ojos de los mercenarios, oídos y narices. Rodeados de tan formidables enemigos, contaban con que el arquero misterio les alcanzaría pronto. Se dividieron en grupos de tres o cinco y fueron a esconderse, esperando el ataque del arquero.

Sintiendo su espalda estirarse, el Elfo miro hacia arriba. Al contrario que aquellos que encerraba, el bosque parecía muy tranquilo. El cielo ventoso que se acomodaba en la noche estaba vestido con un suave tejido añil con perlas bordadas. Pronto la redonda luna llena asomo su cabeza entre los árboles. Cuando el viento ceso como si estuviera proclamando el destino de alguien, el bosque dejo escapar el sonido del llanto de una bestia solitaria.
Los pájaros rápidamente se alejaron volando, espantados por los angustiosos chillidos, gritos de agonía, terribles gemidos y quejas. Las sombras mostraron sus afiladas garras, se precipitaron como un rayo para desgarrar, rebanar, retorcer, morder, arañar, lanzar, golpear, romper y finalmente matar. Unos pocos minutos después, el bosque se llenó de de sofocos y gemidos, remojadas con sangre rojiza. La luna llena sonrió abiertamente, coloreando el paisaje con un matiz apagado y sin vida.

El Elfo estaba confuso, inseguro de si estaba vivo o muero. En el paisaje que sea había teñido de gris brumoso, los dos ojos del lobo que de repente se plantó delante de él chispeaban con un brillo verde neón. El Elfo sintió curiosidad de por qué el gigantesco lobo cruzó la mirada con la suya. Esta pregunta fue respondida pronto en su cabeza, que sintió como si estuviera a punto de desmayarse, y sus piernas que sin fuerza colgaban en el aire. El lobo se apoyo sobre sus dos patas traseras, agarrando la cabeza del Elfo con una mano. Con su otra mano el lobo sostenía un arco que parecía similar a los usados por los guardabosques, solo que mas grande. Cuando el lobo abrió su boca, el elfo pudo ver sus dientes, que parecían como dagas incontables cubiertas de sangre oscura. Una frase le fue susurrada al oído…



“El Árbol Madre esta…”

Le llevó al Elfo un poco de tiempo darse cuenta de que el lobo le estaba hablando, así que se perdió la mayoría de lo que el lobo le había dicho.



“… si no quieres ver al Árbol Madre arrancado de raíz, no toques el Sello.”

El lobo arrojó descuidadamente al Elfo al suelo. El Elfo intentó levantarse, pero se dio cuenta de que no podía controlar sus piernas. Apenas pudiendo soportar su parte superior del cuerpo con ambas manos, miro ferozmente al lobo.


“¿Por qué me amenazas?”

El lobo, que ya se alejaba, se paro de repente. Cada paso que había dado dejó una huella roja oscura. El lobo respondió.



“No era una amenaza.” El lobo desapareció, dejando al Elfo atrás.

Algún tiempo después, cuando el Elfo logró recordar por qué vino a este lugar, volvió al carro. Después se dio cuenta de que había estado siguiendo las huellas del lobo. La carreta se encontraba en su sitio y cuerpos muertos de mercenarios cubrían todo alrededor. Todo parecía estar igual que antes, excepto el cofre que había desaparecido.



 

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